lunes, 1 de febrero de 2010





I'll keep you locked in my head until we meet again...

Nunca nadie puede entender porque las personas mueren, y menos cuando es así. De golpe y sin aviso. Cuando no te da la oportunidad de despedirte de la otra persona, cuando es inimaginable. En un minuto, te puede cambiar la vida de golpe. Pero hay algo de lo que estoy convencida, después del momento en el que dejamos de respirar, la vida sigue… en otra parte, de otra manera, o simplemente seguimos vivos en el recuerdo de otras personas. Yo no estoy completamente segura, pero
hay una persona que lo supo, y es Antonella. No podemos decir que se fue, porque sigue viva en el recuerdo hermoso que cada uno de nosotros tenemos de ella. Algunos más cercanos, otros menos, pero la huella que dejo en cada uno de nosotros es la misma. Es el mismo sentimiento de angustia y dolor, el no poder creer. Se muy bien que algún día lo voy a poder asimilar, lo voy a poder superar, pero no hoy. Hoy no puedo. Puede parecer egoísta pero trato de no pensar por un momento en ella, porque hoy la recuerdo con una lágrima, y espero algún día poder recordarla con la sonrisa más grande, quedarme con el recuerdo hermoso de los momentos que compartí con ella. Ahora está presente todo el tiempo, en mi pensamiento, tengo la idea fija. Siento una impotencia enorme, de no saber dónde está, cómo está, si me ve, si sabe que estoy arrepentida de muchas cosas, si sabe que tengo un nudo en la garganta inmenso, que nunca pude decirle algunas cosas, si sabe que la tengo presente todo el tiempo, que está en mi cabeza, que la extraño. Lo más probable es que en este momento ni en ningún otro pueda responder todas mis dudas e incertidumbres, pero me queda la esperanza que ella desde un lugar mejor nos está mirando y nos está sonriendo, que nos cuida. No estará físicamente presente, pero en el cuerpo y alma de cada uno de nosotros sigue viva, prendida como una velita. Por mi parte, me quedo con el recuerdo más hermoso que puede tener una persona de otra. El recuerdo de los innumerables momentos que pase con ella y me hacían feliz. Ciertas circunstancias de la vida nos fueron distanciando este último tiempo, y la de ayer fue la definitiva. Por más que este último año no lo hayamos compartido juntas, hablábamos y estaba siempre presente, siempre me acordaba de ella. Las veces que la crucé, me saludó con su mejor sonrisa y ese es mi último recuerdo, un: “Hola, como andas? nos tendríamos que ver!” Si hubiera sabido que esto iba a pasar, hubiera aprovechado cada día para decirle lo buena persona que era y los buenos momentos que pasé con ella. Para agradecerle y pedirle perdón por muchas cosas. Todo lo que fue y lo que significa en mi vida. Indiscutiblemente esto cambia las cosas, nos deja una marca a cada uno de nosotros, algo que no nos vamos a olvidar nunca, el adiós más grande de una persona muy importante. Toda la vida la vamos a recordar porque se lo merece, y se merece mucho más pero esto es lo que le podemos dar desde acá. Me acuerdo de ni bien nos conocimos, éramos tan inocentes y tan amigas. Tengo en una caja una cantidad infinita de cartas que me hacía, y ella tenía las mías. Me acuerdo muy bien que un día las contamos, eran como 40. Ese es uno de los tesoros que tengo hoy, lo voy a guardar conmigo y nunca nadie me lo va a sacar. Las voy a leer cada vez que te extrañe y me haga falta saber de vos, ANTO. Desde lo más profundo de mi corazón espero algún día volver a verte, y que me des la oportunidad que hoy no tuve, de decirte todo lo que me frustra ahora no haberte dicho. En este momento siento muchas cosas que decir y expresar, pero no creo que sea lo correcto hacerlo por acá, al menos me sirve para despejarme y desahogarme. Sé que me falta mencionar muchísimas cosas, de hecho no dije ni la mitad de las que necesito decir, pero es lo único que puedo hacer en este estado. Un “gracias” inmenso por los años de amistad que compartimos juntas, por todos los momentos que hoy más que nunca son inolvidables. Juro que daría mis ojos por verte una vez más, por encontrarme una vez más con vos, una sola, y poder despedirme. Siempre vas a estar presente en mi vida y en cada cosa que haga. Prometo nunca olvidarte, y prometo que nunca te voy a dejar de extrañar. Siempre vas a ser la amiga que conocí el primer día de clases de nuestro quinto grado, y que nunca jamás voy a olvidar. NUNCA. Y tu mamá fue una persona excelente, como vos, y nos abrió a mi y a mi vieja las puertas de tu casa para que vayamos cuando lo necesitemos. Las dos van a estar presentes siempre en la vida de todos nosotros. Estamos muy agradecidos por eso, y les debemos a ustedes muchísimas cosas. Así que, de nuestra parte fuerzas a toda la familia Balestrelli que necesitan y muchas para seguir adelante. Cuenten conmigo para todo lo que necesiten.


Antonella, hoy y siempre en mi corazón.


(10/3/93 - 25/1/10).

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